La reparación que reclaman las mujeres



Foto cortesía: Hechos del Callejón



Para ellas, una reparación integral comprende un conjunto de medidas para la restitución, indemnización, rehabilitación, satisfacción y garantías de no repetición. Debe ser, en especial, una vía para erradicar la situación de exclusión y vulnerabilidad en que se encontraban antes, durante y después del hecho violento que aún recuerdan.
Que sea una reparación transformadora. Que ayude a superar las condiciones de exclusión en las que se encontraban mucho antes de la violencia que padecieron. Que repare daños específicos que especialmente ellas padecen, como la violencia sexual. Que no solo sea individual, sino también colectiva. Que la justicia sea un primer paso de dicha reparación.
Estas son algunas claves del tipo de reparación que reclaman las mujeres y sus organizaciones teniendo en cuenta lo que han vivido y las normas nacionales e internacionales en las que se apoyan para exigir sus derechos. Ante la pregunta de cómo se sentirían reparadas, muchas mujeres ya tienen clara la respuesta y coinciden en que lo más importante es que haya verdad, justicia y se den garantías de no repetición. 
Estas son las características del tipo de reparación que buscan, muchas de las cuales coinciden con lo señalado en el documento Recomendaciones para garantizar la reparación de las mujeres víctimas del conflicto armado, que el Grupo de trabajo mujer, género por la verdad, la justicia, la reparación y la reconciliación, le entregó a la Comisión Nacional de Reconciliación y Reparación en octubre de 2006.

Reparación transformadora 

Para las mujeres y sus organizaciones, la reparación no debe limitarse a devolver a la víctima a la situación anterior a la violación que sufrió porque estarían regresando a unas condiciones que no siempre fueron las mejores. En otras palabras, se estaría perpetuando la discriminación y el escenario desfavorable que enfrentaban.
Para ellas el daño que sufrieron en un momento dado no puede ser el único referente para establecer las medidas de reparación porque se estaría ignorando que la violación a sus derechos como mujeres se produce antes, durante y después del hecho violento. 
Precisamente, la Corte Constitucional reconoció, en su Auto 092, que la violencia de género es consecuencia, entre otras, de las desigualdades en la sociedad, que mantienen a la mujer en una situación de desventaja. En otras palabras, se reconoce que, en muchos casos, la causa del daño que enfrentaron se debió, justamente, a la exclusión en la que vivían.
Esto explica por qué ellas reclaman una reparación transformadora, es decir, una reparación que sea una herramienta para superar las condiciones de exclusión en las que se encontraban y un modo para resarcirlas por el daño que padecieron. Buscan que las reparaciones impulsen la transformación de las injusticias socioculturales y desigualdades políticas y estructurales que inciden en la vida de las mujeres y las niñas. 
Este tipo de reparación es el que, ciertamente, se defiende en la Declaración de Nairobi sobre el derecho de las mujeres y las niñas a interponer recursos y obtener reparaciones, suscrita en 2007 por defensoras y activistas de los derechos de las mujeres y sobrevivientes de violencia sexual en situaciones de conflicto procedentes de África, Asia, Europa, Sudamérica, Centroamérica y Norteamérica.

2. Reparar varios daños
Las mujeres asumen que la reparación debe ser la respuesta al daño sufrido para asegurar así un goce efectivo de sus derechos humanos. En este sentido, en las clasificaciones del daño que se manejan nacional e internacionalmente se habla del daño material y no material.
En el que se califica como material se tienen en cuenta los daños por la afectación, detrimento o pérdida del patrimonio o los bienes materiales de la persona y, también, lo que la víctima dejó de percibir a raíz del daño. El no material comprende el daño moral y, en algunas ocasiones, el menoscabo de las relaciones humanas y comunitarias.
Sin embargo, en estas clasificaciones no se consideran varios daños específicos que sufren las mujeres víctimas, como aquellos padecidos sobre el cuerpo de una mujer victimizada por violencia sexual o los sufridos por una comunidad entera o en el entorno de la víctima. 
Por ejemplo, ahora cuando ha empezado a tenerse en cuenta la violación sexual en los procesos judiciales en el país, Aura Camargo, integrante de la red de mujeres Narrar para Vivir, de Montes de María, se pregunta: ¿cuándo se ha pensado en que el Estado repare a una niña de 13 años que tuvo un hijo de un paramilitar y que no tiene como sostenerlo?”.
No considerar estos otros tipos de daños lo que hace es invisibilizarlos y, por lo tanto, generar impunidad.

3. Conocer los derechos y recibir un trato digno
Una reparación integral debe incluir un sistema de difusión de información para garantizar que las mujeres conozcan sus derechos y accedan a las medidas específicas para su cumplimiento.
Al principio, las mujeres creen que la reparación es solo recibir una indemnización, lo que efectivamente es un derecho que implica la compensación, de alguna forma, por los daños sufridos por las víctimas. En un segundo momento, cuando se reconocen como sujetas de derechos y conocen más a fondo el derecho a la reparación y el origen del mismo, entienden que una reparación integral incluye una indemnización, pero no se limita a ella. 
Además, con un sistema de información, las mujeres podrán saber qué medidas de reparación hay, ya que –en muchas ocasiones– no acceden a ellas por desconocimiento y –en otros casos– por las barreras administrativas y estructurales que existen en las instituciones responsables de atenderlas y responder a sus demandas.
Así, por ejemplo, hay víctimas y organizaciones que han decidido no optar por la reparación administrativa, establecida en el Decreto 1290 del 22 de abril de 2008, porque consideran que se requiere una reparación integral. Sin embargo, hay otras víctimas que ni siquiera saben que existe esa posibilidad.
El decreto establece medidas de indemnización, restitución, rehabilitación, satisfacción y garantías de no repetición a las cuales podrán acceder quienes hayan sufrido daño directo como consecuencia de la violación de sus derechos por actores armados ilegales. Entre los delitos por los cuales se otorga esta reparación están, entre otros, los delitos contra la libertad e integridad sexuales. 

Por otra parte, las mujeres insisten en que los funcionarios públicos que participan en las diversas etapas de la reparación reciban capacitación en temas relativos al género porque en muchas ocasiones no les dan un trato digno y tampoco usan un lenguaje respetuoso, ni en el diálogo con ellas ni en sus documentos oficiales.
Una herramienta para superar estas barreras y para que las propuestas y reclamos de las mujeres sean tenidas en cuenta, como lo señala la Declaración de Nairobi, sería que ellas participaran en el diseño y planificación de todo proceso de reparación.

4. Verdad, justicia y garantías de no repetición
Para ellas, la primera medida de reparación pasa por que se sepa la verdad y se haga justicia, es decir, que ellas conozcan qué ocurrió y por qué y, además, que el autor del delito sea castigado. 
Además de pedir justicia, ellas cuentan lo que les ocurrió, principalmente para promover acciones destinadas a evitar que lo que ellas sufrieron no lo padezca nadie más. Es decir, quieren garantías de no repetición, que implica que un Estado adopte medidas para prevenir que los hechos no se repitan y que cesen las violaciones.

5. Actos públicos de desagravio
Por los daños colectivos que varias comunidades han sufrido, las mujeres destacan la importancia de actos públicos de desagravio que ayudarían a recuperar el buen nombre o la honra que consideran haber perdido a consecuencia de los actos violentos.
Los actos simbólicos cobran especial relevancia porque, de esa forma, sienten que les están pidiendo perdón, lo que ayuda a borrar las huellas públicas de lo ocurrido y a recuperar el buen nombre.
Además del castigo a los victimarios, también reclaman sanciones administrativas, disculpas y declaraciones oficiales, conmemoraciones, homenajes y saber la verdad, entre otras. 
Así lo han pedido las víctimas, como las de la masacre de Trujillo, Valle, donde 342 personas fueron asesinadas y desaparecidas entre 1986 y 1994. Precisamente, una de las principales recomendaciones del Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, en su informe Trujillo, una tragedia que no cesa, es que el Ministerio de Defensa Nacional realice “un acto público de petición de perdón a las víctimas de la violencia", ya que hay señalamientos de la participación en la masacre de militares y policías, en alianza con paramilitares.

 Medidas de política social 
Una de las propuestas más comunes de las mujeres es pedir medidas que satisfagan sus necesidades de vivienda, educación y salud, para ellas y sus familias. 
Quizá por la exclusión a la que se ven sometidas y su reducido acceso a la información sobre sus derechos, muchas víctimas confunden entre medidas de reparación y las de políticas sociales. Incluso, a veces no son solo ellas las equivocadas.
Mientras las medidas de política pública se derivan del ejercicio de los derechos económicos, sociales y culturales y suponen una obligación del Estado frente a todos los seres humanos, las medidas de reparación responden a una situación específica de grave violación a los derechos humanos y al Derecho Internacional Humanitario.
Las mujeres víctimas destacan que las medidas de reparación deben, en todo caso, contribuir a superar las condiciones de exclusión y discriminación que enfrentan, y aunque su contenido pueda parecer política social, la manera como se articulan y concretan debe tomar la forma de una auténtica reparación. 
Para las organizaciones sociales, distinguir entre política social, reparación y ayuda humanitaria sigue siendo relevante para evitar que el Estado diluya sus responsabilidades frente a las víctimas y la satisfacción plena de sus derechos. La misma Corte Constitucional afirmó en su sentencia C-1199 de 2008, que no puede confundirse la prestación de los servicios sociales que el Estado debe brindar de manera permanente a todos los ciudadanos y su obligación de una reparación integral a las víctimas. 

Rehabilitación médica y sicológica 

Aunque han pasado 20 años desde la desaparición de mi hermano, cuando voy en un bus y veo en la calle a alguien parecido, me bajo y voy a mirar si es él”. Como esta mujer que cuenta su historia, muchas otras siguen buscando, así hayan pasado décadas, porque la mayoría de víctimas de violaciones de derechos humanos aún no han vivido los procesos necesarios para su recuperación psicosocial.
La recuperación médica y psicosocial es otra de las exigencias de las víctimas para superar los traumas sufridos. Incluso, desde 2004, la Corte Interamericana de Derechos Humanos en sus sentencias contra el Estado colombiano ha ordenado servicios médicos y psicológicos a los familiares, entre otras formas de reparación. Esto lo ha determinado en consideración a los peritajes que ha realizado a las familias y a las comunidades, que evidenciaron que hay que tomar medidas para su recuperación emocional y el restablecimiento de sus proyectos de vida.
Las organizaciones han insistido en que este tipo de reparación debe ir más allá de la atención individual, médica y psicológica, para rodear a la víctima con una intervención integral que atienda el efecto emocional y en sus relaciones familiares, sociales, laborales e, incluso, en su relación con el Estado.
Además, han advertido que en un proceso de intervención médica y psicosocial hay que tener en cuenta el contexto en que se dieron los hechos, porque no es lo mismo una acción deliberada para desaparecer a una persona, que un suceso producto de un desastre natural.
Incluso, también hay que recordar la atención que requieren poblaciones específicas según sus características particulares. Así, por ejemplo, la Asociación de Cabildos de Indígenas del Norte de Cauca (ACIN) señala que una atención psicosocial implica tomar en cuenta los tejidos de vida: el tejido pueblo y cultura; el de la defensa de la vida; el de justicia y armonía; el económico ambiental y el de comunicaciones y relaciones externas.
Estas son las claves del tipo de reparación que exigen las mujeres y que respondería a la pregunta: ¿cómo se sentiría reparada?

Publicado por Hechos del Callejón

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